Respecto al caso planteado creo que nuestro trabajo como educadores debe estar dirigido a favor de la inclusión y contra la exclusión. Esta inclusión debe orientarse hacia una integración positiva, en la que la valoración hacia la cultura mayoritaria no implique una renuncia a la cultura de origen.
Creo que el crecimiento de la diversidad cultural en nuestra sociedad ha contribuido a la aparición de nuevas formas de comunicación y de relación, que deberían estar basadas en el diálogo y no en la imposición.
Ddeberíamos profundizar en el hecho de que la convivencia intercultural parte de la COMUNICACIÓN, es decir, que no se puede establecer una verdadera comunicación si las dos partes no comparten el deseo de comunicarse, pero si ambas partes tienen como objetivo la comprensión mutua, conseguiremos que el diálogo sea una fuente de aprendizaje. Lo que importa no es el IDIOMA, sino la COMUNICACIÓN.
También es importante profundizar en el concepto, amplio y a la vez complejo, de "cultura". Normalmente percibimos la cultura a partir de signos externos y rasgos visibles (la forma de vestir, la manera de hablar, la comida, etc.) como puede ocurrir con el caso planteado. Está claro que estos son rasgos culturales, pero también los valores y creencias forman parte de nuestra idiosincrasia. Esto quiere decir, que aunque conozcamos lo que se come en la India (por ejemplo), sabemos poco sobre la profundidad de esa cultura, es decir, sus razones, sus valoraciones o sus prioridades…
Por lo tanto, si lo que nos interesa es conocer la cultura de otra persona (lo profundo) debemos dejar de lado comparaciones para acercarnos a su sistema de creencias y valores.
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